Sé que no tiene que ver con el tema central de este blog. Pero tiene que ver conmigo. Ha muerto Paul Newman. Ha muerto uno de los más grandes. Ha muerto un amigo.
El cine es una de mis grandes pasiones, y siempre existe una serie de películas a las que uno siempre vuelve: es lo que llamamos "las películas de tu vida". Para mí El buscavidas es una de ellas. Dos hombres y un destino es otra. También lo es Camino a la perdición. Pocos actores son tan importantes para mí como Newman. DeNiro, Bogart, Lemmon, Wayne, Nicholson o Brando. Pero pocos más. Newman era de los grandes, uno de los más grandes.
Y ahora trato de aguantar unas lágrimas entre reportajes conmemorativos en telediarios y páginas escritas por críticos de cine. Y se me parte el corazón y deseo hacer un brindis por los amigos perdidos en lugar de por todos estos comediantes.
Porque cuando me pongo El Buscavidas, me voy a jugar unas partidas de billar con Fast Eddie Felson. Es un amigo. Un amigo al que comprendo y conozco, al que le quiero gritar que deje el taco y se vaya con Piper Laurie, que le necesita. Que deje a George C. Scott, que sólo quiere aprovecharse de él. Y sé que él me mira igual que le mira a él Minnesota Fats. Porque los dos tienen muescas en el taco de billar, pero sobre todo en el alma.
Y ahora pongo Camino a la perdición, su última película, y algo se me rompe dentro al verle bajo la lluvia, esperando mansamente la muerte. Porque así la ha esperado él. En familia, con la certeza de que va a llegar, pacientemente.
Paul Newman era un buen hombre, además. Familiar. Sobrevivió a su hijo, lo peor que le puede pasar a un padre. Se divirtió también, le encantaban las carreras de coches. Aún nos miraba con esos ojos azules tan hermosos, esos ojos que nos dicen que han vivido y han visto muchas cosas. Esos ojos que son los ojos del cine, que encandilaron a la cámara desde el principio y que nunca quiso separarse de ellos.
Gracias por todo, Paul.
domingo 28 de septiembre de 2008
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